El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro Amélia estaba otra vez, como al principio, en todo el fuego de la pasión. Ante la seguridad de que, en pocas semanas, la boda iba a volverlo «todo blanco como la nieve», sus crisis habÃan desaparecido, el propio terror a la venganza del cielo se habÃa calmado. Además, la bofetada que le habÃa dado Amaro fue como el bastonazo que despabila a un caballo que remolonea y se queda atrás; su pasión, agitándose y relinchando con brÃo, la arrastraba nuevamente con el Ãmpetu de una carrera fogosa.
Amaro se sentÃa lleno de alegrÃa. Aunque algunas veces la idea de aquel hombre, dÃa y noche con ella, todavÃa le molestaba… Pero, al fin y al cabo ¡qué compensaciones! Todos los peligros desaparecÃan como por arte de magia y las sensaciones se engrandecÃan. Se acababan para él aquellas atroces responsabilidades de la seducción y se quedaba con la mujer, más apetitosa.
UrgÃa ahora a DionÃsia para que terminase de una vez con aquella fastidiosa búsqueda. Pero la buena mujer, sin duda para hacerse pagar mejor por sus múltiples esfuerzos, no podÃa encontrar al tipógrafo, aquel famoso Gustavo, que poseÃa, como los enanos de las novelas de caballerÃa, el secreto de la torre maravillosa donde vivÃa el prÃncipe encantado.