El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro —¡Ay, no diga eso! Es cierto que el padre Félix es una persona muy virtuosa, pero el padre Liset tiene una religión más… —y con un gesto delicado buscaba la palabra—, más fina, más distinguida… En fin, se trata con otra gente —y sonriendo hacia Amaro—: ¿No cree?
Amaro no conocía al padre Félix, no se acordaba del padre Liset.
—Ya es mayor el señor padre Liset —observó al azar.
—¿Usted cree? —dijo la condesa—. ¡Pero qué bien conservado! ¡Y qué vivacidad, qué entusiasmo!… ¡Ay, es otra cosa! —Y volviéndose hacia la señora que estaba junto al piano—: ¿No crees, Teresa?
—Ya voy —respondió Teresa, completamente metida en sus pensamientos.