El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro La Dionísia iba también con frecuencia: iba a ser la partera, pese a que el doctor Gouveia hubiese recomendado a Micaela, matrona con una experiencia de treinta años. Pero Amélia no quería más gente en el secreto, y además la Dionísia le llevaba las noticias de Amaro, de las que se enteraba por la cocinera. El señor párroco se encontraba tan bien en A Vieira que iba a quedarse allí hasta diciembre. Aquel proceder infame la indignaba: no dudaba de que el párroco quería estar lejos cuando llegase el trance, los peligros del parto. Además estaba decidido desde hacía mucho tiempo que el niño sería entregado a una ama de la parte de Ourém que lo criaría en la aldea y ahora se aproximaba el momento y no se había hablado con la ama ¡y el señor párroco recogía conchitas a la orilla del mar!
—Es indecente, Dionísia —exclamaba Amélia, furiosa.
—¡Ah! No me parece bien, no. Yo podría hablar con el ama… Pero ya ve, son cosas muy serias… El señor párroco es quien se encargó de todo…
—¡Es infame!