El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro Y allà mismo Amaro escribió la respuesta al canónigo que la DionÃsia debÃa llevar al correo: «La cosa puede estar lista de aquà a veinte dÃas. Aplace de la manera que sea el regreso de la madre. No debe regresar todavÃa de ningún modo. DÃgale que la pequeña no escribe ni va por ahà porque su excelentÃsima hermana está continuamente achacosa».
Y cruzando las piernas:
—Y ahora, DionÃsia, como dice nuestro canónigo, ¿qué destino va a dársele al fruto?
La matrona abrió los ojos con sorpresa.
—Yo creà que el señor párroco lo tenÃa todo arreglado… Que se iba a dar al niño a criar fuera de la comarca…
—Está claro, está claro —la interrumpió el párroco con impaciencia—. Si la criatura nace viva es evidente que se dará a criar y que será fuera de la comarca… Pero ¿quién va a ser el ama? Eso es lo que quiero que usted me arregle. Ya va siendo tiempo…
La DionÃsia parecÃa muy confusa. Nunca le habÃa gustado recomendar amas. ConocÃa una buena, mujer fuerte y con mucha leche, persona de confianza; pero desgraciadamente estaba en el hospital, enferma… También sabÃa de otra, hasta habÃa tenido negocios con ella. Era una tal Joana Carreira. Pero no convenÃa, porque vivÃa justamente en Os Poiais, al lado de A Ricoça.