El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro Después, a los pocos días, volvió a exaltarse: de pronto, una mañana, había descubierto que no debía traicionar a Amaro, «porque era el papá de su Carlinhos». Y se lo dijo al abad; consiguió sacar los colores a los sesenta años del buen viejo hablándole con mucha convicción de sus deberes de esposa para con el párroco.
El abad, que ignoraba que el párroco la visitaba todas las mañanas, se sorprendió:
—Señora, ¿qué está diciendo, qué está diciendo? Vuelva en si… ¡Qué vergüenza!… Creía que se le habían pasado esas locuras.
—Pero es el padre de mi hijo, señor abad —dijo ella mirándolo muy seria.
Entonces cansó a Amaro durante una semana entera con una ternura pueril. Cada media hora le recordaba que era «el papá de su Carlinhos».
—Ya lo sé, querida, ya lo sé —decía él impaciente—. Gracias. No presumo del honor…