El crimen del padre Amaro

El crimen del padre Amaro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Entonces ella lloraba, acurrucada en el sofá. Era necesaria toda una batería de caricias para calmarla. Lo obligaba a sentarse en un banquito a su lado; lo tenía allí como un muñeco, contemplándolo, acariciándole despacito la tonsura; quería que se le hiciese una fotografía a Carlinhos para llevarla los dos en una medalla colgada del cuello; y si ella muriese, él tenía que llevar a Carlinhos a su sepultura, arrodillarlo, ponerle las manitas juntas, hacerlo rezar por su mamá. Entonces se arrojaba sobre la almohada, tapándose el rostro con las manos.

—¡Ay, pobre de mí, mi hijo querido, pobre de mí!

—¡Cállate, que viene gente! —le decía Amaro furioso.

¡Ah, aquellas mañanas en A Ricoça! Eran para él como un castigo injusto. Al entrar tenía que ir junto a la vieja a escuchar sus gimoteos. Después, aquella hora con Amélia, que lo torturaba con las cursilerías de un sentimentalismo histérico, tumbada en el sofá, gorda como un tonel, con la cara entumecida, con los ojos hinchados…



👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker