El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro ¡Por fin era el día! Aquella mañana había llegado de A Ricoça un rapaz de la finca con un billete de Amélia casi ininteligible: «Dionísia rápido, ¡la cosa ha llegado!». Llevaba orden también de ir a llamar al doctor Gouveia. El propio Amaro fue a avisar a la Dionísia, a la que días antes le había dicho que doña Josefa, la propia doña Josefa, le había recomendado un ama, una mujer grande, derecha como un castaño, con la que ya había llegado a un acuerdo. Y ahora habían resuelto rápidamente que esa noche Amaro se apostaría con el ama en la puertecita del huerto y Dionísia iría a entregarles la criatura bien abrigada.
—A las nueve, Dionísia. ¡Y no nos haga esperar! —le dijo todavía Amaro viéndola salir con aspavientos.