El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro —La señorita se está quejando de un peso en la cabeza. Dice que ve chispas delante de los ojos…
Entonces el doctor, inmediatamente, sin una palabra, siguió a la Dionísia. El abad, solo, paseaba por la sala, pensando toda una argumentación erizada de textos, de formidables nombres de teólogos, que iba a hacer caer sobre el doctor Gouveia. Pero pasó media hora, la luz del candil moría y el doctor no había vuelto.