El crimen del padre Amaro

El crimen del padre Amaro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El tétrico reloj, con su lechuza pensativa, dio las dos, después las tres…

Ahora el abad iba cediendo a un cansancio de viejo, cerrando los párpados a cada momento. Pero resistía; iba a respirar el aire pesado de la noche, miraba aquella tiniebla que envolvía toda la aldea; y volvía a sentarse, a musitar, con la cabeza baja y las manos sobre el breviario:

—Señor, vuelve tus ojos misericordiosos hacia ese lecho de agonía…

Fue entonces Gertrudes quien apareció conmovida. El señor doctor la había mandado abajo a despertar al mozo para que enganchase la yegua al cabriolé.

—¡Ay, señor abad, pobre niñita! Iba tan bien y de repente esto… Es porque le han quitado el hijo… Yo no sé quién es el padre, ¡pero lo que sé es que en todo esto hay un pecado y un crimen!

El abad no respondió, rezando en voz baja por el padre Amaro.

El doctor entró con su estuche en la mano:

—Puede ir si quiere, abad —dijo.

Pero el abad no se daba prisa, miraba al doctor con una pregunta bailándole en los labios entreabiertos y reteniéndola por timidez; por fin, no se contuvo y en un tono temeroso:

—¿Ya se ha hecho todo, no hay remedio, doctor?

—No.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker