El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro El día siguiente, desde las siete de la mañana, el padre Amaro esperaba en casa a la Dionísia, apostado en la ventana, con los ojos fijos en la esquina de la calle, sin reparar en la lluvia menuda que fustigaba su rostro. Pero la Dionísia no aparecía, y tuvo que irse a la catedral, amargado y triste, a bautizar al hijo de Guedes.
