El crimen del padre Amaro
El crimen del padre Amaro —Requiem aeternam dona ei, Domine!
—Et lux perpetua luceat ei —mugió el sacristán.
El féretro golpeó el fondo con un ruido sordo: el abad esparció encima un poco de tierra en forma de cruz; y, balanceando lentamente el hisopo sobre el terciopelo, la tierra, la hierba alrededor:
—Requiescat in pace.
—Amen —respondieron la voz cavernosa del sacristán y la voz aguda del monaguillo.
—Amen —dijeron todos con un murmullo que se perdió entre los cipreses, las hierbas, los túmulos y las nieblas frías de aquel triste día de diciembre.