La Reliquia
La Reliquia Esta jornada a tierra de Egipto y a tierra de Palestina permanecerá siempre como la gloria superior de mi destino en la vida; y sería mi mayor deseo que perdurasen las letras y fuese para la posteridad un monumento airoso y fuerte. Escribiendo por motivos solamente espirituales, no quiero que las páginas íntimas en que recuerdo mi peregrinación se parezcan a una Guía pintoresca de oriente. Por eso, a pesar de las solicitaciones de la vanidad, suprimí en este manuscrito sabrosas y brillantes descripciones de ruinas y de costumbres…
Por lo demás, este país del Evangelio, que tanto fascina a la humanidad sensible, es mucho menos interesante que mi seco y natal Alemtejo: tampoco me parece que las tierras favorecidas por una presencia mesiánica ganen jamás en gracia y esplendor. Nunca me fue dado recorrer los lugares santos de la India en que Buda vivió, arboledas de Migadaia, oteros de Veluvana, o ese dulce valle de Rajagria por donde se dilataban los ojos adorables del maestro perfecto cuando un fuego reventó en los juncales, y él enseñó, en inmortal parábola, cómo la ignorancia es una hoguera que devora al hombre, y se alimenta con las engañosas sensaciones de la vida que los sentidos reciben de las engañosas apariencias del mundo.
