La vida del Buscon
La vida del Buscon Vino Polanco, haciendo gran ruido, y pidió su saco pardo, cruz grande, barba larga postiza y campanilla.[16] Andaba de noche desta suerte, diciendo: —«Acordaos de la muerte, y haced bien para las ánimas…», etc. Con esto cogía mucha limosna y entrábase en las casas que veía abiertas. Si no había testigos ni estorbo, robaba cuanto había; si le topaban, tocaba la campanilla y decía con una voz quél fingía muy penitente: —«Acordaos, hermanos…», etc.
Todas estas trazas de hurtar y modos extraordinarios conocí,[17] por espacio de un mes, en ellos. Volvamos agora a que les enseñé el rosario y conté el cuento. Celebraron mucho la traza, y recibióle la vieja por su cuenta y razón para venderle.[18] La cual se iba por las casas diciendo que era de una doncella pobre y que se deshacía dél para comer. Y ya tenía para cada cosa su embuste y su trapaza.[19] Lloraba la vieja a cada paso, enclavijaba las manos y suspiraba de lo amargo;[20] llamaba hijos a todos. Traía, encima de muy buena camisa, jubón, ropa, saya y manteo, un saco de sayal roto de un amigo ermitaño que tenía en las cuestas de Alcalá.[21] Ésta gobernaba el hato, aconsejaba y encubría.