La vida del Buscon
La vida del Buscon Apartámonos; y, una noche, di para confirmarlas más en mi riqueza: cerréme en mi aposento, que estaba dividido del suyo con sólo un tabique muy delgado, y, sacando cincuenta escudos, estuve contándolos en la mesa tantas veces, que oyeron contar seis mil escudos. Fue esto de verme con tanto dinero de contado,[21] para ellas, todo lo que yo podÃa desear, porque dieron en desvelarse para regalarme y servirme.
El portugués se llamaba o siñor Vasco de Meneses, caballero de la cartilla, digo de Christus.[22] TraÃa su capa de luto,[23] botas,[24] cuello pequeño y mostachos grandes. ArdÃa por dona Berenguela de Robledo, que asà se llamaba. Enamorábala sentándose a conversación y suspirando más que beata en sermón de Cuaresma.[25] Cantaba mal, y siempre andaba apuntado con él el catalán,[26] el cual era la criatura más triste y miserable que Dios crió;[27] comÃa a tercianas, de tres a tres dÃas,[28] y el pan tan duro, que apenas le pudiera morder un maldiciente.[29] PretendÃa por lo bravo, y si no era el poner güevos, no le faltaba otra cosa para gallina,[30] porque cacareaba notablemente.[31]