La vida del Buscon

La vida del Buscon

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Halléme en menos de un mes con más de docientos reales horros.[70] Y últimamente me declaró, con intento que nos fuésemos juntos, el mayor secreto y la más alta industria que cupo en mendigo, y la hicimos entrambos. Y era que hurtábamos niños cada día: entre los dos, cuatro o cinco; pregonábanlos, y salíamos nosotros a preguntar las señas y decíamos: —«Por cierto, señor, que le topé a tal hora, y que si no llego, que le mata un carro; en casa está». Dábannos el hallazgo,[71] y veníamos a enriquecer de manera que me hallé yo con cincuenta escudos, y ya sano de las piernas, aunque las traía entrapajadas.[72]

Determiné de salirme de la Corte y tomar mi camino para Toledo, donde ni conocía ni me conocía nadie. Al fin, yo me determiné; compré un vestido pardo,[73] cuello y espada, y despedíme de Valcázar, que era el pobre que dije, y busqué por los mesones en qué ir a Toledo.

CAPÍTULO NOVENO

En que se hace representante, poeta y galán de monja



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