La vida del Buscon
La vida del Buscon Fui el primero que introdujo acabar las coplas como los sermones, con «aquí gracia y después gloria», en esta copla de un cautivo de Tetuán:[38]
Pidámosle sin falacia
al alto Rey sin escoria,
pues ve nuestra pertinacia,
que nos quiera dar su gracia
y después, allá, la gloría.
Amén.
Estaba viento en popa con estas cosas, rico y próspero, y tal, que casi aspiraba ya a ser autor.[39] Tenía mi casa muy bien aderezada, porque había dado, para tener tapicería barata, en un arbitrio del diablo, y fue de comprar reposteros de tabernas y colgarlos.[40] Costáronme veinte y cinco o treinta reales, y eran más para ver que cuantos tiene el Rey, pues por éstos se veía de puro rotos y por esotros no se verá nada.[41]