La vida del Buscon
La vida del Buscon Sucedióme un día la mejor cosa del mundo, que, aunque es en mi afrenta, la he de contar. Yo me recogía en mi posada, el día que escribía comedia, al desván, y allí me estaba y allí comía; subía una moza con la vianda y dejábamela allí. Yo tenía por costumbre escribir representando recio, como si lo hiciera en el tablado.[42] Ordena el diablo que, a la hora y punto que la moza iba subiendo por la escalera, que era angosta y escura, con los platos y olla, yo estaba en un paso de una montería y daba grandes gritos, componiendo mi comedia,[43] y decía:
Guarda el oso, guarda el oso,
que me deja hecho pedazos
y baja tras ti furioso;