La vida del Buscon
La vida del Buscon que entendió la moza —que era gallega—,[44] como oyó decir «baja tras ti» y «me deja», que era verdad y que la avisaba.[45] Va a huir y, con la turbación, písase la saya y rueda toda la escalera, derrama la olla y quiebra los platos y sale dando gritos a la calle, diciendo que mataba un oso a un hombre. Y, por presto que yo acudí, ya estaba toda la vecindad conmigo preguntando por el oso; y aun contándoles yo como había sido ignorancia de la moza, porque era lo que he referido de la comedia, aun no lo querían creer. No comí aquel día. Supiéronlo los compañeros, y fue celebrado el cuento en la ciudad. Y destas cosas me sucedieron muchas mientras perseveré en el oficio de poeta y no salí del mal estado.
Sucedió, pues, que a mi autor —que siempre paran en esto—, sabiendo que en Toledo le había ido bien, le ejecutaron no sé por qué deudas y le pusieron en la cárcel,[46] con lo cual nos desmembramos todos y echó cada uno por su parte. Yo, si va a decir verdad, aunque los compañeros me querían guiar a otras compañías, como no aspiraba a semejantes oficios y el andar en ellos era por necesidad, ya que me vía con dineros y bien puesto, no traté de más que de holgarme.