La vida del Buscon
La vida del Buscon Esto era de la parte de abajo y nuestra, pero de la de arriba, adonde estaban las monjas, era cosa de ver también; porque las vistas era una torrecilla llena de rendijas toda y una pared con deshilados,[71] que ya parecía salvadera y ya pomo de olor.[72] Estaban todos los agujeros poblados de brújulas;[73] allí se veía una pepitoria,[74] una mano y acullá un pie; en otra parte había cosas de sábado,[75] cabezas y lenguas, aunque faltaban sesos; a otro lado se mostraba buhonería:[76] una enseñaba el rosario, cuál mecía el pañizuelo, en otra parte colgaba un guante, allí salía un listón verde.[77] Unas hablaban algo recio, otras tosían; cuál hacía la seña de los sombrereros, como si sacara arañas, ceceando.[78]