La vida del Buscon
La vida del Buscon Pasamos en este trabajo hasta la Cuaresma.[76] Vino, y, a la entrada della, estuvo malo un compañero. Cabra, por no gastar, detuvo el llamar médico hasta que ya él pedÃa confisión más que otra cosa. Llamó entonces un platicante, el cual le tomó el pulso y dijo que la hambre le habÃa ganado por la mano en matar aquel hombre.[77] Diéronle el Sacramento, y el pobre, cuando le vio —que habÃa un dÃa que no hablaba— dijo:
—Señor mÃo Jesucristo, necesario ha sido el veros entrar en esta casa para persuadirme que no es el infierno.
Imprimiéronseme estas razones en el corazón. Murió el pobre mozo, enterrámosle muy pobremente, por ser forastero, y quedamos todos asombrados.[78] Divulgóse por el pueblo el caso atroz, llegó a oÃdos de don Alonso Coronel y, como no tenÃa otro hijo, desengañóse de los embustes de Cabra y comenzó a dar más crédito a las razones de dos sombras, que ya estábamos reducidos a tan miserable estado. Vino a sacarnos del pupilaje y, teniéndonos delante, nos preguntaba por nosotros.[79] Y tales nos vio, que, sin aguardar a más, tratando muy mal de palabra al licenciado Vigilia,[80] nos mandó llevar en dos sillas a casa.[81] DespedÃmonos de los compañeros, que nos seguÃan con los deseos y con los ojos, haciendo las lástimas que hace el que queda en Argel, viendo venir rescatados por la Trinidad sus compañeros.[82]