La vida del Buscon
La vida del Buscon Tan presto saltó el descomulgado pariente de mi amo (digo el estudiantón) y dijo:
—Aunque, V. Md. me perdone, señor hidalgo, debe de saber poco de cortesÃa. ¿Conoce, por dicha, a mi señor primo? Él dará a sus criados, y aun a los nuestros si los tuviéramos, como nos ha dado a nosotros.
Y volviéndose a don Diego, que estaba pasmado, dijo:
—No se enoje V. Md., que no le conocÃan.
Maldiciones le eché cuando vi tan gran disimulación, que no pensé acabar.
Levantaron las mesas, y todos dijeron a don Diego que se acostase. Él querÃa pagar la cena, y replicáronle que no lo hiciese, que a la mañana habrÃa lugar. Estuviéronse un rato parlando.[27] Preguntóle su nombre al estudiante, y él dijo que se llamaba tal Coronel. ¡En los infiernos descanse, dondequiera que está! Vio al avariento que dormÃa y dijo:
—¿V. Md. quiere reÃr? Pues hagamos alguna burla a este mal viejo, que no ha comido sino un pero en todo el camino y es riquÃsimo.
Los rufianes dijeron:
—Bien haya el licenciado; hágalo, que es razón.