La vida del Buscon
La vida del Buscon Con esto, se llegó y sacó al pobre viejo, que dormía, de debajo de los pies unas alforjas y, desenvolviéndolas, halló una caja, y, como si fuera de guerra, hizo gente.[28] Llegáronse todos, y, abriéndola, vio ser de alcorzas.[29] Sacó todas cuantas había y, en su lugar, puso piedras, palos y lo que halló; y, encima, dos o tres yesones y un tarazón de teja.[30] Cerró la caja y púsola donde estaba, y dijo:
—Pues aún no basta, que bota tiene el viejo.
Sacóla el vino y, desenfundando una almohada de nuestro coche, después de haber echado un poco de vino debajo, se la llenó de lana y estopa y la cerró.[31] Con esto, se fueron todos a acostar para una hora que quedaba o media, y el estudiante lo puso todo en las alforjas y, en la capilla del gabán, le echó una gran piedra[32] y fuese a dormir.
Llegó la hora de caminar; despertaron todos, y el viejo todavía dormía. Llamáronle, y, al levantarse, no podía levantar la capilla del gabán. Miró lo que era; y el mesonero, adrede, le riñó, diciendo:
—¡Cuerpo de Dios!, ¿no halló otra cosa que llevarse, padre, sino esa piedra? ¿Qué les parece a V. Mds., si yo no lo hubiera visto? Cosa es que estimo en más de cien ducados, porque es contra el dolor de estómago.[33]
Juraba y perjuraba, diciendo que no había metido él tal en la capilla.