La vida del Buscon
La vida del Buscon —Por resucitar está este Lázaro, según olisca.[8]
Y con esto todos se apartaron, tapándose las narices. Yo, que me pensé escapar, puse las manos también y dije:
—V. Mds. tienen razón, que huele muy mal.[9]
Dioles mucha risa y, apartándose, ya estaban juntos hasta ciento; comenzaron a escarrar y tocar al arma,[10] y en las toses y abrir y cerrar de las bocas, vi que se me aparejaban gargajos. En esto, un manchegazo acatarrado hÃzome alarde de uno terrible, diciendo:[11]
—Esto hago.
Yo entonces, que me vi perdido, dije:
—¡Juro a Dios que ma…!
Iba a decir te,[12] pero fue tal la baterÃa y lluvia que cayó sobre mÃ,[13] que no pude acabar la razón. Yo estaba cubierto el rostro con la capa, y tan blanco, que todos tiraban a mÃ; y era de ver cómo tomaban la punterÃa.[14]
Estaba ya nevado de pies a cabeza, pero un bellaco, viéndome cubierto y que no tenÃa en la cara cosa, arrancó hacia mà diciendo con gran cólera:
—¡Basta, no le deis con el palo! —que yo, según me trataban, creà dellos que lo harÃan.