La vida del Buscon
La vida del Buscon Yo no hacía a solas sino considerar cómo casi era peor lo que había pasado en Alcalá en un día, que todo lo que me sucedió con Cabra. A mediodía me vestí, limpié la sotana lo mejor que pude, lavándola como gualdrapa,[42] y aguardé a mi amo que, en llegando, me preguntó cómo estaba. Comieron todos los de la casa y yo, aunque poco y de mala gana. Y después, juntándonos todos a parlar en el corredor, los otros criados, después de darme vaya,[43] declararon la burla. Riéronla todos, doblóse mi afrenta, y dije entre mí: —«Avisón, Pablos, alerta».[44] Propuse de hacer nueva vida, y con esto, hechos amigos, vivimos de allí adelante todos los de la casa como hermanos, y en las escuelas y patios nadie me inquietó más.
De las crueldades de la ama y travesuras que hizo
«Haz como vieres» dice el refrán, y dice bien. De puro considerar en él,[1] vine a resolverme de ser bellaco con los bellacos,[2] y más, si pudiese, que todos. No sé si salí con ello, pero yo aseguro a V. Md. que hice todas las diligencias posibles.