La vida del Buscon
La vida del Buscon De la ida de don Diego, y nuevas de la muerte de su padre y madre, y la resolución que tomó en sus cosas para adelante
En este tiempo, vino a don Diego una carta de su padre, en cuyo pliego venía otra de un tío mío llamado Alonso Ramplón,[1] hombre allegado a toda virtud y muy conocido en Segovia por lo que era allegado a la justicia,[2] pues cuantas allí se habían hecho de cuarenta años a esta parte han pasado por sus manos. Verdugo era, si va a decir la verdad, pero una águila en el oficio;[3] vérsele hacer daba gana a uno de dejarse ahorcar. Éste, pues, me escribió una carta a Alcalá, desde Segovia, en esta forma:
«Hijo Pablos —que por el mucho amor que me tenía me llamaba así—:[4]
»Las ocupaciones grandes desta plaza en que me tiene ocupado Su Majestad no me han dado lugar a hacer esto; que si algo tiene malo el servir al Rey, es el trabajo, aunque se desquita con esta negra honrilla de ser sus criados.[5]