La vida del Buscon
La vida del Buscon »Pésame de daros nuevas de poco gusto. Vuestro padre murió ocho días ha con el mayor valor que ha muerto hombre en el mundo;[6] dígolo como quien lo guindó.[7] Subió en el asno sin poner pie en el estribo.[8] Veníale el sayo baquero que parecía haberse hecho para él.[9] Y, como tenía aquella presencia, nadie le veía con los cristos delante que no le juzgase por ahorcado.[10] Iba con gran desenfado, mirando a las ventanas y haciendo cortesías a los que dejaban sus oficios por mirarle. Hízose dos veces los bigotes.[11] Mandaba descansar a los confesores y íbales alabando lo que decían bueno.
»Llegó a la N de palo,[12] puso el un pie en la escalera, no subió a gatas ni despacio y, viendo un escalón hendido, volvióse a la justicia y dijo que mandase aderezar aquél para otro, que no todos tenían su hígado.[13] No os sabré encarecer cuán bien pareció a todos.
«Sentóse arriba,[14] tiró las arrugas de la ropa atrás, tomó la soga y púsola en la nuez. Y viendo que el teatino le quería predicar,[15] vuelto a él, le dijo:
»—Padre, yo lo doy por predicado; vaya un poco de Credo, y acabemos presto, que no querría parecer prolijo.