La vida del Buscon

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Padeció grandes trabajos recién casada,[11] y aun después, porque malas lenguas daban en decir que mi padre metía el dos de bastos para sacar el as de oros.[12] Probósele que a todos los que hacía la barba a navaja, mientras les daba con el agua, levantándoles la cara para el lavatorio, un mi hermanico de siete años les sacaba muy a su salvo los tuétanos de las faldriqueras.[13] Murió el angélico de unos azotes que le dieron en la cárcel.[14] Sintiólo mucho mi padre, por ser tal que robaba a todos las voluntades.[15]

Por estas y otras niñerías estuvo preso,[16] y rigores de justicia, de que hombre no se puede defender,[17] le sacaron por las calles. En lo que toca de medio abajo, tratáronle aquellos señores regaladamente: iba a la brida,[18] en bestia segura y de buen paso, con mesura y buen día.[19] Mas, de medio arriba, ecétera; que no hay más que decir para quien sabe lo que hace un pintor de suela en unas costillas.[20] Diéronle docientos escogidos,[21] que de allí a seis años se le contaban por encima de la ropilla.[22] Más se movía el que se los daba que él, cosa que pareció muy bien. Divirtióse algo con las alabanzas que iba oyendo de sus buenas carnes, que le estaba de perlas lo colorado.[23]



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