La vida del Buscon

La vida del Buscon

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Mi madre, ¿pues no tuvo calamidades? Un día, alabándomela una vieja que me crió, decía que era tal su agrado, que hechizaba a cuantos la trataban. Y decía, no sin sentimiento: —«En su tiempo, hijo, eran los virgos como soles: unos amanecidos y otros puestos, y los más en un día mismo amanecidos y puestos».[24] Hubo fama que reedificaba doncellas, resuscitaba cabellos encubriendo canas, empreñaba piernas con pantorrillas postizas.[25] Y con no tratarla nadie que se le cubriese pelo, solas las calvas se la cubría, porque hacía cabelleras;[26] poblaba quijadas con dientes; al fin, vivía de adornar hombres y era remendona de cuerpos.[27] Unos la llamaban zurcidora de gustos; otros, algebrista de voluntades desconcertadas; otros, juntona; cuál la llamaba enflautadora de miembros y cuál tejedora de carnes, y, por mal nombre, alcagüeta.[28] Para unos era tercera, primera para otros y flux para los dineros de todos.[29] Ver, pues, con la cara de risa que ella oía esto de todos era para dar mil gracias a Dios.







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