La vida del Buscon
La vida del Buscon A esto le dije yo que advirtiese que en la Corte habÃa de todo, y que estimaban mucho a cualquier hombre de suerte.
—¿Qué estiman? —dijo muy enojado—, si he estado yo ahà seis meses pretendiendo una bandera,[60] tras veinte años de servicios y haber perdido mi sangre en servicio del Rey, como lo dicen estas heridas.
Y quiso desatacarse;[61] y dije:
—Señor mÃo, desatacarse más es brindar a puto que enseñar heridas.[62]
Creo que pretendÃa introducir en picazos algunas almorranas.[63] Luego, en los calcañares,[64] me enseñó otras dos señales, y dijo que eran balas; y yo saqué, por otras dos mÃas que tengo, que habÃan sido sabañones. Y las balas pocas veces se andan a roer zancajos.[65] Estaba derrengado de algún palo que le dieron porque se dormÃa haciendo guarda y decÃa que era de un astillazo.[66] Quitóse el sombrero y mostróme el rostro: calzaba diez y seis puntos de cara,[67] que tantos tenÃa en una cuchillada que le partÃa las narices. TenÃa otros tres chirlos,[68] que se la volvÃan mapa a puras lÃneas.