La vida del Buscon
La vida del Buscon —Éstas me dieron —dijo— defendiendo a ParÃs,[69] en servicio de Dios y del Rey, por quien veo trinchado mi gesto;[70] y no he recibido sino buenas palabras, que agora tienen lugar de malas obras. Lea estos papeles —me dijo—, por vida del licenciado; que no ha salido en campaña, ¡voto a Cristo!, hombre, ¡vive Dios!, tan señalado.[71]
Y decÃa verdad, porque lo estaba a puros golpes. Comenzó a sacar cañones de hoja de lata y a enseñarme papeles,[72] que debÃan de ser de otro a quien habÃa tomado el nombre. Yo los leà y dije mil cosas en su alabanza y que el Cid ni Bernardo no habÃan hecho lo que él.[73] Saltó en esto y dijo:
—¿Cómo lo que yo?, ¡voto a Dios!, ni lo que GarcÃa de Paredes, Julián Romero y otros hombres de bien,[74] ¡pese al diablo! Sé que entonces no habÃa artillerÃa, ¡voto a Dios!, que no hubiera Bernardo para un hora en este tiempo.[75] Pregunte V. Md. en Flandes por la hazaña del Mellado y verá lo que le dicen.[76]
—¿Es V. Md., acaso? —le dije yo.
Y él respondió:
—¿Pues qué otro? ¿No me ve la mella que tengo en los dientes? No tratemos desto, que parece mal alabarse el hombre.[77]