Politica de Dios y gobierno de Cristo
Politica de Dios y gobierno de Cristo
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Señor, vuestra majestad no tiene otra cosa que haya de estar más firme en su ánimo, encargada por Dios, que el castigo del consejero que pide para los pobres, y los vende. PodrÃa en algunas concesiones de las Cortes, y en los demás servicios tenerse cuidado con este lenguaje de Judas, cuando el que concede medra y el reino padece. Pobres vende quien enriquece pidiendo para ellos, y quien alega por méritos y servicios la ruina de los que se le encomendaron. Miren los reyes por los pobres, que entonces habrán entendido que el primer pobre y más legÃtimo necesitado es el buen rey. Rey que se gobierna, rey que se socorre a sà mismo, y se guarda y mira por sÃ, ése mira por sus reinos. El que se descuida de sà propio, y se deja y olvida, ¿por quién mirará, ni de qué tendrá cuidado? Aquà da voces San Juan a vuestra majestad como privado de Cristo: temerosas palabras son las suyas. Quien de las personas, criados, hijos, vasallos beneméritos quita o pide la hacienda, honra u oficios con tÃtulo de darlo a pobres o emplearlo mejor, en la boca del Evangelista es Judas; y llámese como se llamare, a él le nombran las palabras «ladrón que tiene bolsa». El buen ministro conocerá vuestra majestad, si, cuando los ministros despenseros y el consejero Iscariote le propusieren cosas semejantes, en que se trata de vender a los pobres o quitar de la persona real, -pusiere en la consulta de buena letra: «vuestra majestad no lo haga». Quien se lo aconseja es Judas que le ha de vender: no lo hace por los pobres que están encomendados a vuestra majestad, y no a él; ladrón es; talegones trae; lo que dan se lleva; caridad fingida es su mercancÃa, piedad mentirosa es su ganancia. Para los pobres pide; y pidiendo para ellos, hace pobres y se hace rico. ¡A qué de consultas está respondiendo San Juan desde el Evangelio, porque los prÃncipes no pretendan haber pasado sin advertimiento, y por quitarlos la disculpa maliciosa! ¡Gran voz contra quien se descuidare en esta parte para el tribunal postrero de la mejor vida! Atienda vuestra majestad a las señas que aquà le da San Juan de los que venden a los pobres. Dice que son los que han de vender al propio rey, que tratan de lo que no les toca; que son ladrones; que tienen bolsas, y llevan lo que se da. Con la pluma los dibuja San Juan, en la voz los nombra, con el dedo los muestra. Veislos ahà (dice a todos los que reinan); y si no queréis que os vendan, no tengáis ministros despenseros que tengan bolsones y tomen lo que se da, ni tengáis por consultor al ladrón. ¡Oh gran cosa! Dos privados Juanes tuvo Cristo: el Bautista enseñó con la mano el Cordero a los lobos; y el Evangelista en el Evangelio enseñó con la pluma los lobos al Cordero.
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