Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara ¡Pero al contrario! Más sereno que ninguna otra persona del salón, permanecía erguido, imponente e imperturbable como la columna de mármol contra la que se había apoyado. Estaba envuelto en una larga capa, que dejó caer en ese momento, con un movimiento pausado a sus pies, mostrando una figura en que la gracia de un ateniense se unía a la fuerza de un Hércules griego, presentando en su tout ensemble las majestuosas proporciones de un Júpiter. Estaba de pie, cual estatua viviente de bello gladiador, destacando por encima de todos los que estaban cerca de él, y eclipsando a los más nobles miembros de la raza humana que ofrecía la concurrencia marcial. Se elevó un murmullo de admiración, que se acalló al instante con el recuerdo de su última aparición e incluso con el terror que esperaban de sus próximos movimientos. Estaba armado hasta los dientes y era obvio que se preparaba para alguna acción.