Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara Aún no se había pronunciado una palabra; resultaba imposible ante la rápida sucesión de sorpresas, la mezcla de sentimientos encontrados y la intensa ansiedad. La disposición de los grupos era la siguiente: En la parte posterior del salón, llenas de admiración y angustia, estaban las damas de Klosterheim. En el extremo anterior, en el centro, con una mano levantada para llamar la atención, estaba La Máscara de Klosterheim. A su izquierda, y un poco más atrás, con un sutil rostro veneciano, aparecía el astuto ministro Adorni, ordenando con una mano que se apartase media columna de mosqueteros y con la otra en ademán de coger del brazo a La Máscara, mientras se acercaba cada vez más a ella con pasos furtivos. A su derecha se encontraban gran parte de los caballeros de Klosterheim, entre los que se abrían paso hacia el frente una veintena de estudiantes y jóvenes oficiales. Pero, delante de todos se veía al Landgrave de X, altivo, lanzando miradas desafiantes. Éstas eran la posición y actitud en que les había sorprendido el descubrimiento de La Máscara, y aún permanecían en ella. Los espectadores menos dignos les observaban desde las galerías.
—¡Rendíos! —fue la primera palabra que rompió el silencio, pronunciada por el Landgrave.
—¡O morid! —exclamó Adorni.
—Muere de todas formas —añadió el príncipe.