Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara El efecto que produjo sobre el prÃncipe fue repentino y tremendo: retrocedió unos pasos, se llevó una mano a la espada, se pasó la otra por la frente y lanzó miradas frenéticas a La Máscara, unas suplicantes y otras llenas de cólera vengativa. Luego se produjo una pausa de profundo silencio, durante la cual los mil doscientos visitantes, a quienes parecÃa que habÃa reunido expresamente para que presenciaran esta escena extraordinaria y comprobaran el poder que tenÃa un extraño para sacudirlo con turbulentas pasiones, observaron y escucharon con los cinco sentidos, tratando de penetrar el velo de silencio y la distancia. Al fin, el Landgrave logró dominar lo suficiente sus emociones para decir:
—Muy bien, señor, ¿y ahora qué?
—Ahora viene una revelación de otro tipo, y os advierto, señor, que no será menos penosa para vuestros nervios. Para la primera necesité vuestro oÃdo, ahora necesitaré vuestros ojos. Pensad otra vez, prÃncipe, si resistiréis la prueba.
—¡Bah! Os burláis de mÃ. De nuevo os digo… —pero aquà el Landgrave habló con una serenidad afectada y un esfuerzo que no pasaron inadvertidos—. De nuevo os digo que no os temo. Proseguid.
—Entonces, acercaos un poco, Alteza, a la luz de esta lámpara.