Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara —No estarÃa de más… A los de mi clase, señora, nunca nos viene mal el dinero; pero no es ésa mi misión. Aquà traigo algo que lo explica todo.
Y, mientras decÃa esto, metió la mano en el enorme bolsillo del traje de jinete que lo cubrÃa, y, en lugar de la pistola o la daga que Paulina esperaba, el desconocido sacó un gran paquete cuidadosamente sellado. Paulina se sintió tan aliviada al ver esta prueba de sus intenciones pacÃficas que apretó anhelante su bolso entre las manos, y, cuando se disponÃa a seguir su camino, el hombre la detuvo para darle un mensaje verbal de su señor, pidiéndole encarecidamente que si se decidÃa a acudir a la cita que se mencionaba en la carta, no se retrasase ni un minuto.
—Y ¿quién es vuestro señor? —le preguntó Paulina.
—El general, señora, por supuesto: el joven general Maximiliano. ¡Cuántas veces lo he atendido cuando visitaba a su señora en Wartebrunn! Pero aquà no me atrevo a descubrirme. ¡Demonios! Si el Landgrave supiese que Michael Klotz está en Klosterheim, supongo que las damas de Santa Inés no le podrÃan suplicar su indulto hasta mañana por la mañana.
—¡Entonces, villano —exclamó uno de los dos hombres que salieron de pronto de los arbustos—, estad seguro de que el Landgrave lo sabe! ¡Ésta es la prueba!