Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara —¿Ni siquiera vais a conceder un día de prórroga a quien, tras un primer examen, resulte el menos criminal de todos?
—¿Un día de respiro? No, ni media hora. Verdugo, preparaos. Soldados, colocad las cabezas de los prisioneros para el hacha.
—¡Príncipe detestable, mirad mejor por la vuestra!
El Landgrave observó a La Máscara mientras pronunciaba estas palabras, con una sucesión de emociones reflejadas en su rostro: rabia, desdén y recelo. Luego, pálido de espanto, vio cómo el misterioso personaje se acercaba a los labios un cuerno de caza que llevaba colgado del cuello. Lo tocó y le respondieron enseguida desde el interior del convento. Siguió un silencio sepulcral. Todas las miradas se volvieron hacia el lugar de donde procedía la respuesta. La expectación era máxima, y en menos de un minuto se elevó solemnemente la cortina que separaba la capilla de la antecapilla, y mostró una vista que llenó de miedo muchos corazones, y algunas conciencias se sintieron tan horrorizadas como si realmente se hallasen ante el juicio final que había anunciado La Máscara.