Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara Pero, al poco rato, como continuaba la calma, su irritación nerviosa dio paso a pensamientos menos agitados y más profundos. ¿Adónde habían llevado a su amante? ¿Y por qué? ¿Por cuánto tiempo? ¡Parecía haber pasado una eternidad desde que lo había visto por última vez en Viena! Estaba segura de que el servicio en el que estaba empleado era honorable. Pero, ¿sería peligroso? ¡Ay, en Alemania todos lo eran! ¿Lo devolverían pronto a su lado? Y ¿por qué últimamente se había mantenido inexplicablemente silencioso? ¿Había estado realmente silencioso? Quizás habían interceptado sus cartas. De hecho, no había nada más normal en aquellos tiempos. Lo raro era que por accidente llegase alguna a su destino. Por otra parte, su propia nobleza de sentimientos, que la elevaba por encima de la vileza de los celos, liberaba a Paulina de una de las peores preocupaciones en semejante situación. Cualquier cosa que hubiera ocurrido, o cualquiera que fuese la situación en que se encontrara su amante, no temía que la fidelidad de su afecto hubiese desaparecido o fallado ni por un momento. Doña Paulina se había sobrepuesto a la peor de las congojas, por su confianza tanto en sí misma como en su amante. Pero aun siendo así, aunque fiel a ella, ¿no podría estar enfermo? ¿No podría encontrarse languideciendo por alguna de las desgracias de la guerra? ¿No podría estar incluso muerto?