Klosterheim o La Mascara
Klosterheim o La Mascara Las guerras holandesas habían trasladado a Alemania la estirpe que originalmente forjó los ejércitos de la Guerra de los Treinta Años. En consecuencia, una galería más pequeña, que formaba ángulo recto con la principal, mostraba una serie de retratos de viejos mandatarios españoles y de guerreros valones. No se había omitido a ningún hombre eminente desde Egmons y Horn o el Duque de Alba y Parma hasta Espínola, el último de aquella distinguida escuela de soldados. Ni siquiera faltaba el inútil e insolente Conde de Leicester y su galante sobrino, aquel ultimus romanorum alistado en la caballería; aunque era evidente que había prevalecido la exaltación católica en la confección de la colección. Y así, junto al Príncipe de Orange y Enrique IV, se podía ver a sus viles asesinos, retratados con profusa ostentación de adornos, y encerrados en un marco tan hermoso que parecía elevarlos al grado de mártires consagrados.