Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte Dos minutos más tarde el hombre rubio pasaba a su lado a trote inglés. El malacara y el alazán, algo sorprendidos de aquel paso que no conocÃan, miraron perderse en el valle al hombre presuroso.
–¡Curioso! –observó el malacara después de largo rato–. El caballo va al trote, y el hombre al galope…
Prosiguieron. Ocupaban en ese momento la cima de la loma, como esa mañana. Sobre el frÃo cielo crepuscular, sus siluetas se destacaban en negro, en mansa y cabizbaja pareja, el malacara delante, el alazán detrás.
La atmósfera, ofuscada durante el dÃa por la excesiva luz del sol, adquirÃa a esa semisombra una transparencia casi fúnebre. El viento habÃa cesado por completo, y con la calma del atardecer, en que el termómetro comenzaba a caer velozmente, el valle helado expandÃa su penetrante humedad, que se condensaba en rastreante neblina en el fondo sombrÃo de las vertientes. RevivÃa, en la tierra ya enfriada, el invernal olor de pasto quemado; y cuando el camino costeaba el monte, el ambiente, que se sentÃa de golpe más frÃo y húmedo, se tornaba excesivamente pesado de perfume de azahar.