Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte Desde luego, a mi hermana y a mà nos entusiasmó el drama. Las criaturas tienen casi siempre la desgracia de que las grandes cosas no pasen en su casa. ¡Esta vez nuestra tÃa –¡casualmente nuestra tÃa!– enferma de viruela! Yo, chico feliz, contaba ya en mi orgullo la amistad de un agente de policÃa, y el contacto con un payaso que saltando las gradas habÃa tomado asiento a mi lado. Pero ahora el gran acontecimiento pasaba en nuestra propia casa; y al comunicarlo al primer chico que se detuvo en la puerta de calle a mirar, habÃa ya en mis ojos la vanidad con que una criatura de riguroso luto pasa por primera vez ante sus vecinillos atónitos y envidiosos.
Esa misma tarde salimos de casa, instalándonos en la única que pudimos hallar con tanta premura, una vieja quinta de los alrededores. Una hermana de mamá, que habÃa tenido viruela en su niñez, quedó al lado de LucÃa.