Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte Seguramente en los primeros dÃas mamá pasó crueles angustias por sus hijos que habÃan besado a la virolenta. Pero en cambio nosotros, convertidos en furiosos robinsones, no tenÃamos tiempo para acordarnos de nuestra tÃa. HacÃa mucho tiempo que la quinta dormÃa en su sombrÃo y húmedo sosiego. Naranjos blanquecinos de diaspis; duraznos rajados en la horqueta; membrillos con aspecto de mimbres; higueras rastreantes a fuerza de abandono, aquello daba, en su tupida hojarasca que ahogaba los pasos, fuerte sensación de paraÃso terrenal.
Nosotros no éramos precisamente Adán y Eva; pero sà heroicos robinsones, arrastrados a nuestro destino por una gran desgracia de familia: la muerte de nuestra tÃa, acaecida cuatro dÃas después de comenzar nuestra exploración.