Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte –¡Pero está loco! –le dije al fin–. ¡Nada, absolutamente nada! Apenas la conozco, vuelvo a repetirle, y no creo que ella se acuerde de haberme visto jamás. He hablado un minuto con ella, ponga dos, tres, en su propia casa, y nada más. No tengo, por lo tanto, le repito por décima vez, inclinación particular hacia ella.
–Es raro, profundamente raro… –murmuró el hombre, mirándome fijamente.
Comenzaba ya a serme pesado el galeno, por eminente que fuese –y lo era–, pisando un terreno con el que nada tenÃan que ver sus aspirinas.
–Creo que tengo ahora el derecho…
Pero me interrumpió de nuevo:
–SÃ, tiene derecho de sobra… ¿Quiere esperar hasta esta noche? Con dos palabras podrá comprender que el asunto es de todo, menos de broma… La persona de quien hablamos está gravemente enferma, casi a la muerte… ¿Entiende algo? –concluyó, mirándome bien a los ojos.
Yo hice lo mismo con él durante un rato.
–Ni una palabra –le contesté.
–Ni yo tampoco –apoyó, encogiéndose de hombros. Por eso le he dicho que el asunto es bien serio… Por fin esta noche sabremos algo. ¿Irá allá? Es indispensable.