Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte –Iré –le dije, encogiéndome a mi vez de hombros.
Y he aquà por qué he pasado todo el dÃa preguntándome como un idiota qué relación puede existir entre la enfermedad gravÃsima de una hermana de Funes, que apenas me conoce, y yo, que la conozco apenas.
Vengo de lo de Funes. Es la cosa más extraordinaria que haya visto en mi vida. Metempsicosis, espiritismos, telepatÃas y demás absurdos del mundo interior, no son nada en comparación de este mi propio absurdo en que me veo envuelto. Es un pequeño asunto para volverse loco. Véase:
Fui a lo de Funes. Luis MarÃa me llevó al escritorio. Hablamos un rato, esforzándonos como dos zonzos –puesto que comprendiéndolo asà evitábamos mirarnos– en charlar de bueyes perdidos. Por fin entró Ayestarain, y Luis MarÃa salió, dejándome sobre la mesa el paquete de cigarrillos, pues se me habÃan concluido los mÃos. Mi ex condiscÃpulo me contó entonces lo que en resumen es esto: