Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte Cuatro o cinco noches antes, al concluir un recibo en su propia casa, MarÃa Elvira se habÃa sentido mal. Cuestión de un baño demasiado frÃo esa tarde, según opinión de la madre. Lo cierto es que habÃa pasado la noche fatigada, y con buen dolor de cabeza. A la mañana siguiente, mayor quebranto, fiebre; y a la noche, una meningitis, con todo su cortejo. El delirio, sobre todo, franco y prolongado a más no pedir. Concomitantemente, una ansiedad angustiosa, imposible de calmar. Las proyecciones psicológicas del delirio, por decirlo asÃ, se erigieron y giraron desde la primera noche alrededor de un solo asunto, uno solo, pero que absorbe su vida entera.
–Es una obsesión –prosiguió Ayestarain–, una sencilla obsesión a cuarenta y un grados. La enferma tiene constantemente fijos los ojos en la puerta, pero no llama a nadie. Su estado nervioso se resiente de esa muda ansiedad que la está matando, y desde ayer hemos pensado con mis colegas en calmar eso… No puede seguir asÃ. ¿Y sabe usted –concluyó– a quién nombra cuando el sopor la aplasta?
–No sé… –le respondÃ, sintiendo que mi corazón cambiaba bruscamente de ritmo.
–A usted –me dijo, pidiéndome fuego.
Quedamos, bien se comprende, un rato mudos.
–¿No entiende todavÃa? –dijo al fin.