Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte Esto de otra persona merece una explicación. Los Funes, y en particular la familia de que comenzaba yo a formar tan ridÃcula parte, tienen un fuerte orgullo; por motivos de abolengo, supongo, y por su fortuna, que me parece lo más probable. Siendo asÃ, se daban por pasablemente satisfechos de que las fantasÃas amorosas del hermoso retoño se hubieran detenido en mÃ, Carlos Durán, ingeniero, en vez de mariposear sobre un sujeto cualquiera de insuficiente posición social. AsÃ, pues, agradecà en mi fuero interno el distingo de que me hacÃa honor el joven patricio.
–Es extraordinario… –recomenzó Luis MarÃa, haciendo correr con disgusto los fósforos sobre la mesa.
Y un momento después, con una nueva sonrisa forzada:
–¿No tendrÃa inconveniente en acompañarnos un rato? ¿Ya sabe, no? Creo que vuelve Ayestarain…
En efecto, éste entraba.
–Empieza otra vez… –Sacudió la cabeza, mirando únicamente a Luis MarÃa. Luis MarÃa se dirigió entonces a mà con la tercera sonrisa forzada de esa noche:
–¿Quiere que vayamos?
–Con mucho gusto –le dije. Y fuimos.