Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte MarÃa Elvira contrajo las cejas un largo instante, y las levantó luego, más altas que lo natural. Me miró atentamente, sacudiendo la cabeza:
–No, no recuerdo…
–¡Ah! –me callé.
Pasó un rato. Vi de reojo que me miraba aún.
–¿Qué? –murmuró.
–¿Qué… qué? –repetÃ.
–¿Qué le dije?
–Tampoco me acuerdo ya…
–SÃ, se acuerda… ¿Qué le dije?
–No sé, le aseguro…
–¡SÃ, sabe…! ¿Qué le dije?
–¡Veamos! –me aproximé de nuevo a ella–. Si usted no recuerda absolutamente nada, puesto que todo era una alucinación de fiebre, ¿qué puede importarle lo que me haya o no dicho en su delirio?
El golpe era serio. Pero MarÃa Elvira no pensó en contestarlo, contentándose con mirarme un instante más y apartar la vista con una corta sacudida de hombros.
–Vamos –me dijo bruscamente–. Quiero bailar este vals.
–Es justo –me levanté–. El sueño de vals que bailábamos no tiene nada de divertido.