Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte —No sé, tampoco… Sé que era un drama; un asunto de drama… Una cosa oscura y honda… ¡Qué lástima!
—¡Trata de acordarte, por Dios!—la insté, vivamente interesado. Ustedes me conocen como hombre de teatro…
Mi mujer hizo un esfuerzo.
—No puedo… No me acuerdo más que del tÃtulo: La mancha tele… hita… ¡hiptálmica! Y la cara atada con un pañuelo blanco.
—¿Qué? …
—Un pañuelo blanco en la cara… La mancha hiptálmica
—¡Raro! —murmuré, sin detenerme un segundo más a pensar en aquello.
Pero dÃas después mi mujer salió una mañana del dormitorio con la cara atada. Apenas la vi, recordé bruscamente y vi en sus ojos que ella también se habÃa acordado. Ambos soltamos la carcajada.
—¡Si… sÃ! —se reÃa—. En cuanto me puse el pañuelo, me acordé…
—¿Un diente?…
—No sé; creo que sÃ…
Durante el dÃa bromeamos aún con aquello, y de noche mientras mi mujer se desnudaba, le grité de pronto desde el comedor:
—A que no…