Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte —¡SÃ! ¡La mancha hiptálmica! —me contestó riendo. Me eché a reÃr a mi vez, y durante quince dÃas vivimos en plena locura de amor.
Después de este lapso de aturdimiento sobrevino un perÃodo de amorosa inquietud, el sordo y mutuo acecho de un disgusto que no llegaba y que se ahogó por fin en explosiones de radiante y furioso amor.
Una tarde, tres o cuatro horas después de almorzar, mi mujer, no encontrándome, entró en su cuarto y quedó sorprendida al ver los postigos cerrados. Me vio en la cama, extendido como un muerto.
—¡Federico!—gritó corriendo a mi.
No contesté una palabra, ni me movÃ. ¡Y era ella, mi mujer! ¿Entienden ustedes?
—¡Déjame! —me desasà con rabia, volviéndome a la pared.
Durante un rato no oà nada. Después, sÃ: los sollozos de mi mujer, el pañuelo hundido hasta la mitad en la boca.
Esa noche cenamos en silencio. No nos dijimos una palabra, hasta que a las diez mi mujer me sorprendió en cuclillas delante del ropero, doblando con extremo cuidado, y pliegue por pliegue, un pañuelo blanco.
—¡Pero desgraciado! —exclamó desesperada, alzándome la cabeza—. ¡Qué haces!
¡Era ella, mi mujer! Le devolvà el abrazo, en plena e Ãntima boca.