Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte —¿Qué hacÃa? —le respond×. Buscaba una explicación justa a lo que nos está pasando.
—Federico… amor mÃo… —murmuró.
Y la ola de locura nos envolvió de nuevo.
Desde el comedor oà que ella—aquà mismo—se desvestÃa. Y aullé con amor:
—¿A que no?…
—¡Hiptálmica, hiptálmica! respondió riendo y desnudándose a toda prisa.
Cuando entré, me sorprendió el silencio considerable de este dormitorio. Me acerqué sin hacer ruido y miré. Mi mujer estaba acostada, el rostro completamente hinchado y blanco. TenÃa atada la cara con un pañuelo.
Corrà suavemente la colcha sobre la sábana, me acosté en el borde de la cama, y crucé las manos bajo la nuca.
No habÃa aquà ni un crujido de ropa ni una trepidación lejana. Nada. La llama de la vela ascendÃa como aspirada por el inmenso silencio.
Pasaron horas y horas. Las paredes, blancas y frÃas, se oscurecÃan progresivamente hacia el techo… ¿Qué es eso? No sé…
Y alcé de nuevo los ojos. Los otros hicieron lo mismo y los mantuvieron en la pared por dos o tres siglos. Al fin los sentà pesadamente fijos en mÃ.