Cuentos de amor de locura y de muerte
Cuentos de amor de locura y de muerte Doce dÃas después Nébel debÃa volver al ingenio, y antes quiso cumplir su promesa. Fue allá –un miserable departamento de arrabal–. La señora de Arrizabalaga lo recibió, mientras Lidia se arreglaba un poco.
–¡Conque once años! –observó de nuevo la madre–. ¡Cómo pasa el tiempo! ¡Y usted que podrÃa tener una infinidad de hijos con Lidia!
–Seguramente –sonrió Nébel, mirando a su rededor.
–¡Oh! ¡No estamos muy bien! Y sobre todo como debe estar puesta su casa… Siempre oigo hablar de sus cañaverales… ¿Es ése su único establecimiento?
–SÃ… En Entre RÃos también…
–¡Qué feliz! Si pudiera uno… ¡Siempre deseando ir a pasar unos meses en el campo, y siempre con el deseo!
Se calló, echando una fugaz mirada a Nébel. Este, con el corazón apretado, revivÃa nÃtidas las impresiones enterradas once años en su alma.
–Y todo esto por falta de relaciones… ¡Es tan difÃcil tener un amigo en esas condiciones!
El corazón de Nébel se contraÃa cada vez más, y Lidia entró.